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Escudo Jerez y cabecera

Reconstruccion Historica y Visual de

JEREZ de la Frontera

(Xera, Cerit, Sheresh, Xerez)

por Uxio Noceda ( uxio.noceda@gmail.com )

Si no ve las imagenes descarguese -gratis- Flash 7

 

 

 

JEREZ 2020

 

Indice

ORIGEN GEOGRÁFICO

PREHISTORIA

EDAD de los METALES

ROMANIZACIÓN

ISLAMIZACIÓN

EDAD MODERNA

foro sobre estos temas

 

Otras ciudades RECONSTRUIDAS

 

JEREZ2020

 

PREHISTORIA

El ser humano accede a Europa a través del Medio Oriente, por el estrecho de Gibraltar y muy probablemente también por el estrecho que separa Africa y Sicilia.

Podemos suponer, sin temor a equivocarnos, que esto hace de esta zona del sur de España como de las primeras y más antiguamente habitada  del Viejo Continente. 

Sin duda fué el Homo Erectus (cultura Achelense), descendiente del Homo Habilis, el primero que pudo hollar, hará unos 650.000 años, lo que hoy es el espacio urbano de Jerez de la Frontera. Más adelante, el recientemente descrito Homo Antecesor de Atapuerca -precursor de los Neandertales-, pudo desarrollar su vida por estas laderas. 

El Homo Sapiens, especie a la cual pertenecemos, fué el heredero directo de la desaparición de otra rama humana extinta: los neandertales, el genuino humano europeo y descendiente del Antecesor. Desarrollado totalmente en la Europa de los glaciares esta rama humana fue extinguiéndose a la par que la Sapiens se expandía. El Homo Sapiens constituye la cultura de Cro-Magnón. Nuevas aportaciones humanas venidas desde Africa ocuparían el sur  y este de Iberia, dando lugar a las tribus íberas.   

Homo Antecesor

Mucho más tarde llegarían a Iberia las primeras tribus indoeuropeas quienes se mezclaron o incluso destruyeron las autóctonas que pudieran existir, los últimos y escasos grupos neandertales, ocupando sus territorios, sobre todo los del norte,  Castilla la Vieja, la cuenca del Ebro....  Desde las lejanas llanuras rusas y siberianas constituyeron en centroeuropa la cultura do bronce y el hierro, llamada cultura Hallstatt, y que serian la raíz de los pueblos celtas. Finalmente, y como cultura Hallstatt bien identificada, aparecen, en la historia los griegos, fenicios y romanos, hará unos 500 anos aC, las tribus celtas modernas, obligadas a moverse en busca de nuevas tierras por sus  propios conflictos internos, cambios climáticos, empobrecimiento de las tierras y por la presión de los pueblos nórdicos y germánicos. 

Llegan a estas tierras griegos, fenicios y cartagineses. buscando nuevos yacimientos minerales, recursos y posibilidades comerciales. Pero serán de los griegos y romanos de quienes sepamos algunos de los usos y costumbres de los pueblos ibéricos prerromanos.      

Tras la romanización, y mas concretamente durante la decadencia político y militar del imperio, llegaron bruscamente elementos germánicos (suevos y godos). La herencia judía no es relevante en Jerez, donde existe un barrio judío, y la norteafricana es notable. Posteriormente, en el transcurso de la historia estas distintas aportaciones se verían mezcladas con las distintas migraciones peninsulares, especialmente durante los últimos siglos, como bien sabemos.

 

 

 

PALEOLITICO

La era de los instrumentos de piedra bastos

 

 LOS PRIMEROS VISITANTES

Los primeros humanos, tal vez ya los Homo Habilis o tal vez sus descendientes, los Erectus, presapiens, los primeros en hollar, hará entre 400 y 700.000 años, las tierras gaditanas. Seguramente lograron cruzar el estrecho desde Africa durante la glaciación Mindel. Las glaciaciones producían una enorme retención y acumulo de agua en polos y glaciares, lo que hizo bajar el nivel del mar y por lo tanto hizo mas cortos los trayectos entre ambos continentes-. Buscaban un ambiente propicio a la subsistencia, ambiente que seguramente intuyan viendo las bandadas de aves que cruzaban el estrecho.

Cráneo y posible aspecto de un Homo Antecesor

 

En esta zona encontraron lo que buscaban; ríos, animales y refugios apropiados. Los ríos proporcionaban agua dulce, piedras para crear herramientas, el estuario atraía animales que poder carroñear o cazar y pesca y marisqueo. La visión del estuario del Guadalquivir debía ser la vista mas hermosa que un humano podría ver entonces: millones de aves criando y fauna abundante por los alrededores. Agua y alimento estables en grandes cantidades. A su cultura la conocemos como la Achelense, y elaboraban bifaces y vivía en cavernas y cabañas sencillas cerca de ríos y lagos, donde obtenian piedras, agua y comida.

Seguramente fué el Homo Erectus, que comenzó a usar el fuego de manera consciente desde hace 700.000 años, fué el primer humano que habitó estas costas. El control del fuego permitió a estos hombres abrir su campo de acción a zonas antes prohibidas por el frió y aumentó su aprovechamiento de la carne al asarla, lo que favorece su digestibilidad y aprovechamiento. Estos humanos primitivos tenían ya cierto comportamiento protoreligioso y ritual, profesando devoción hacia los cráneos humanos de sus familiares o compañeros muertos y a establecer una relación mágica y espiritual-animista con ellos.

Para situarnos estamos hablando de una población humana reducidísima, la primera que hoyaba Europa posiblemente, y compuesta inicialmente de muy pocos individuos -diez, veinte tal vez-, pero lo suficientemente listos, ambiciosos o desesperados como para afrontar el paso del estrecho con sus corrientes y lo que debería suponer una enormidad de agua separándoles del otro lado.

Sin duda la existencia del estuario del Guadalquivir y del Guadalete, con su avifauna colosal enviando continuas señales al continente africano, fue el elemento decisivo que advirtió a aquellos humanos de que por ahí había futuro para ellos. El incesante paso de aves que veían ir y volver durante todo el año solo podía significar agua dulce y fauna en abundancia no mucho mas allá. Aun con la bajada del nivel del mar, que hizo aparecer islotes y estrechar a solo unos 9 u 11 Km. la cosa europea, decidirse a dar el paso a una terra incognita merece la consideración de epopeya humana. Este trozo de mar es uno de los más peligrosos de la tierra; pues se combinan en estos parajes dos corrientes de gran potencia que son contrarias. Tiene una la velocidad de cuatro a seis millas; la otra dos. Según la marea, fenómeno seguramente desconocido del navegante paleolítico, cambian de sentido de modo para él incomprensible de acuerdo con las masas de agua que entran o salen del Océano. Luego, para complicar más la situación, está constantemente recorrido este pasillo por vientos violentos, cuyas ráfagas son tan repentinas que lo han convertido hasta nuestros días en un cementerio de barcos

Este sería el aspecto que un humano de hace 400.000 años pudo ver -en un período glaciar y con la costas ligeramente mas cercanas debido a la bajada del nivel del mar-, de la costa ibérica desde África.. A la izquierda Tarifa y las playas occidentales. La visión de interminables bandadas de aves pasando de un lado a otro, las nubes de gaviotas que remontaban el vuelo a lo lejos todas las mañanas, aupadas en el caliente aire de levante, le dió las señales de que una zona pantanosa y feraz existía a unas jornadas de distancia, tras pasar el estrecho, claro, flotando con pellejos inflados o balsas entre ballenas y delfines. La presencia de orcas, que podrían confundirles con focas, muy numerosas por la zona, y las fuertes corrientes marinas hacia la travesía realmente peligrosa, por lo que había que saber elegir la estación adecuada.

¿Qué usarían para flotar: troncos de árboles, pellejos o estómagos o tripas de animales inflados, balsas de juncos…?. Por que parece improbable que se animaran a adentrarse en un territorio desconocido con lo puesto o simplemente desnudos, sin saber si habría alimento accesible pronto. Seguramente llegarían provistos de alguna reserva de alimento y utensilios para proveérselo del subsuelo (raíces) y troncos (gusanos, animalillos y huevos), aunque en su versatilidad podrían fabricárselos rápidamente al llegar a la nueva costa, convencidos de que las señales que veían significaba y auguraban la obtención de todo tipo de recursos fácilmente o de poder soportar unos días sin ellos gracias a su fortaleza y aguante. Sin esa convicción y seguridades difícilmente se hubieran animado a exponer sus vidas en semejante aventura: cruzar una lengua enorme de agua apenas sujeto a una frágil balsa o flotadores, sabiendo que en estas aguas abundaban las ballenas, de las que veían sus surtidores, oyendo los resoplidos de delfines u orcas, sin saber a ciencia cierta si eran peligrosos o no, y con sus someros conocimientos de las frías corrientes marinas, que podrían alejarles de la costa sin posibilidad de retorno... Luego, la luz de fuegos avistados desde la costa africana serian las señales de que habían llegado con bien y de que era zona propicia. La invasión humana de Europa comenzaba. Si bien tal vez no en exclusiva y por primera vez por Gibraltar, ya que podría haberse producido ya antes por Oriente Medio, pero es casi seguro que fue por Cádiz por donde el hombre comenzó a ser europeo dadas las condiciones y facilidades. Una vez realizada la hazaña, el ir y venir de una orilla a otra se realizaría con cierta asiduidad, lo que animaría a otros a hacer lo mismo.

El maravilloso espectáculo de miles, cientos de miles, quizás millones de aves volando, criando, comiendo y gritando en el estuario del Guadalete -luego repetido y aumentado en el del Guadalquivir-, debió compensar con creces la aventura. Si no un Paraíso, si desde luego el hábitat perfecto para usar como base de una futura expansión. Luego, sus descendientes seguirían ampliando sus territorios y recorridos, llegando hasta nuestras rías, que sin duda debieron encontrar muy apropiadas también para la supervivencia.

 

Gibraltar. Esta masa pétrea parece haberse roto por un cataclismo, dividiendo al mundo en dos partes. En alguna hde sus cuevas vivió el ultimo grupo neandertal del continente.

El ambiente de la zona entonces debía corresponder a un clima cálido y húmedo con bosques abiertos, con una fauna no muy distinta a la que dejaban atrás en África o en el resto de Europa. Cualquier imagen que tengamos de África, sabana, bosque o selva, se reproducía aquí entonces, aunque eso también dependía del flujo y reflujo de las eras glaciales. La fauna mas habitual era, durante las épocas glaciares: mamúts, rinocerontes lanudos, leones de dientes de sable, hienas, oso, lobos, renos, grandes felinos, caballos, hipopótamos, uros (toros salvajes) bisontes, aunque los Erectus eran también carroñeros, se atrevían ya a cazar animales medios y grandes y ya no solo los viejos, heridos o enfermos, como hacían los Habilis, sus abuelos…

Grupos humanos paleolíticos explorando la playa de Bolonia y recolectando mariscos. Bolonia fue de las primeras playas colonizadas por esta nueva y exitosa especie.

 

Hace unos 200.000 años los hombres se proveían de alimentos recolectando marisco en la costa, ríos y lagunas o zonas pantanosas aledañas. Existen vestigios de la presencia humana en Jerez desde épocas tempranas y remotas. Trabajaban piedras de cuarzo y cuarcita, huesos, madera y fibras vegetales. Percutían unas piedras contra otras, para de un núcleo inicial ir desgajando trozos de bordes afilados. En un principio se pensó que estos trozos grandes eran las herramientas buscadas, una suerte de martillo o hacha grande y demoledor. Luego se comprendió que en realidad ese era el remanente o núcleo obtenido tras percutir con el animo de conseguir piezas de bordes cortantes, usados para cortar, aunque el núcleo, ya con una cara también cortante, podía usarse para machacar y quebrar huesos grandes y duros e obtener el codiciado tuétano, la parte grasa y blanda de su interior, muy sabrosa y nutritiva.  

Foto: Bifaces y Tiedros. bloques de cuarzo que han sido percutidos para extraer lascas cortantes, dejando al final un núcleo picudo idóneo para machacar y romper huesos con el fin de extraer el tuétano, por ejemplo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El PALEOLÍTICO MEDIO

El segundo período de fabricación de utensilios de piedra tallada 

Siguen viniendo gentes desde oriente y África vía Asia, y que entran en Iberia por los Pirineos. Esto acontece durante los períodos glaciares conocidos como períodos glaciares Würm I (hace 90.000 aC), y el Würm II.  El Homo Erectus, una línea extinta originaria de África, se adaptará a las nuevas y frías condiciones glaciares europeas y, como consecuencia de ese proceso de adaptación, dará lugar al Homo Antecesor, cuyos restos aparecerán en Atapuerca (Burgos). De esta especie se derivará la de los Homo Sapiens Neanderthalensis, un espécimen autóctono europeo. Los neandertales son una humanidad perdida, y eran una especie distinta a la nuestra. Se discutió si Sapiens Sapiens y neandertales pudieron llegara fusionarse y dejar descendencia común por indicios de posible convivencia que existen, pero las ultimas investigaciones genéticas descartaron tal posibilidad. Nadie sobrevivió a su extinción. Lo que no es discutible es que fueran humanos y sintieran las mismas emociones e inquietudes que nosotros, pues proveníamos de una misma rama común a ambos, tenían inquietudes espirituales y ya enterraban a sus muertos con plena conciencia de lo que era la muerte, y tenían especial devoción por los cráneos de sus muertos. Se expandieron por Europa, dejando sus restos hasta el limite de los glaciares y morrenas de las llanuras centroeuropeas: Hará unos 35 o 40.000 años dejaron su sitio a la cultura Cro-magnon de los Sapiens Sapiens arcaicos, que venían de oriente y África, donde habían aprendido -al pasar por diversos entornos y dificultades-. diversas técnicas y estrategias de supervivencia que al llegar a Europa les hicieron mas competitivos que los neandertales. Estos, los Sapiens Sapiens arcaicos, son los auténticos padres de la humanidad actual.

Grupo de Antecessors inspeccionando las playas del estuario del Guadalquivir

De los neandertales se cree que podrían no haber llegado a desarrollar el lenguaje hablado completo, quedándose en un momento en el que se mezclaba gesto, sonidos no verbales y habla, tal y como hacen los bosquimanos o las tribus primitivas americanas. Seria este un sistema de comunicación propio de cazadores al acecho.

Un grupo de Homo Sapiens Antecesor se acerca por primera vez a explorar el estuario del Guadalete en busca de huevos, aves y marisco. El estuario, en este hipotético momento, está cubierto por un espeso bosque, aunque bien podría estar cubierto por una espesa capa de guano y aves, y la playa ser un ruidoso criadero de mamíferos marinos. Los neandertales fueron una especie humana autóctona de la Europa glacial, el más genuino europeo. 

 Aunque su cerebro era mas grande que el nuestro -lo que podría hacer creer que eran mas inteligentes que los Sapiens-, esto se debía a que su masa corporal también lo era y necesitaba un cerebro mas grande para gestionarlo.

 

Con la llegada de los Cro-magnones los neandertales van desapareciendo paulatinamente de sus territorios. Se especula si fue por confrontación directa entre especies, por mera decadencia propia o por un mayor éxito reproductivo de los recién llegados. Seguramente una mezcla de todas estas razones.

Iberia parece haber sido el último bastión neandertal en Europa y, concretamente, Gibraltar podría haber albergado a la última familia neandertal. Curiosa y paradójicamente desaparecería esta estirpe justo por donde llegaron sus antepasados.

Los neandertales practicaban un estilo de vida basado en crear zonas o puntos de reunión y refugio más o menos estables y explorar estacionalmente los alrededores. De esta manera su fuente de provisiones podía llegar a ser critico en determinadas circunstancias desfavorables. Tal vez eran algo menos versátiles que los Cro-magnones, que eran mas móviles, y estos últimos les ganaban las partidas de la obtención de recursos al final.

Finalmente, como hemos dicho, Neandertal se extinguió y Sapiens Sapiens heredó la tierra.

 

 

 

 

¿Como era la vida diaria de un "jerezano" del Mesolítico?

 

Nota: he situado la acción en un entorno geográfico semejante al actual para facilitar la situación con respecto a la ciudad, pero es preciso aclarar que hubo épocas en las que el aspecto del entorno era muy distinto, no existiendo el estuario, seco por la bajada del nivel del mar, o con las aguas mucho mas profundas, en otros periodos.  Muchas de los restos de estos primeros jerezanos reposan bajo los limos y arenas del estuario, pues. Lo que se relata acerca de la tribu -y que nos servirán como anfitriones para describir como era su vida-, es una recreación imaginaria y no corresponde a un hecho conocido concreto.

El Mesolítico es la época intermedia entre el paleolítico y el neolítico. En realidad estas épocas son puros convencionalismo, ya que se entremezclan y superponen continuamente y sus estilos de vida muy semejante.

Para situarnos vamos a imaginarnos a un grupo humano Sapiens Sapiens caminando desde su refugio en la Sierra, cerca de Ubrique, con dirección hacia lo que en ese momento era la zona de la Sierra pantanosa del estuario del Guadalete. Aunque no siendo una época glacial, ha hecho bastante frío ese año -y aún lo hace-, y el grupo baja bien pertrechado.

 

 

 

 

 

 

 

De un paraje parecido a este partió nuestro grupo hacia el estuario del Guadalete.

 

 

 

Han partido al salir el sol desde sus refugios temporales situados en una leve colina desde la que se divisaba las suaves colinas de hierba interminable y los pequeños bosquecillos que la salpican. El jefe ha decidido encaminar a su tribu y familia hacia el estuario del Guadalete para asegurarse la alimentación, que escasea algo en la sierra, a base del marisco, peces y aves del estuario gaditano. Aunque van hacia el estuario, harán un desvío hacia el noroeste, para realizar un devoto homenaje a sus antecesores, enterrados en la cumbre del monte devorado por el río, bajo un túmulo pétreo alzado, hace ya muchísimas lunas, por sus padres y abuelos. Al día siguiente, tras realizar las ofrendas a sus ancestros y pernoctar en sus refugios, el jefe contempla el horizonte desde aquel extraordinario promontorio, Cortado como a cuchillo por el rio Guadalete -río que ha ido demoliendo dos de sus vertientes formando una barranca espectacular, alta y vertical-, este enclave es un punto sagrado para todos los grupos, tribus y clanes de los alrededores, por su aspecto. dramático y rotundo, y por sus cavernas y elevación.

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El grupo se ha desviado hasta este promontorio abarrancado, erosionado por el río, criadero de infinidad de aves y tumba de sus antepasados, a los que viene a rendir tributo. Entran por la vertiente norte, cruzando el Guadalete, y suben hasta la cumbre, desde otearán el horizonte en busca de señales humanas lejanas. Por la noche apenas se distinguen algunas hogueras en el horizonte, hacia el Sur, señal inequívoca de que otros grupos merodean por los alrededores y también han decidido acercarse a los estuarios..

Cazadores mesolíticos cruzando un afluente del Tavizna, rumbo a las llanuras cercanas a Jerez

Continúan pues la tribu su andar, esta vez por el cauce del río, hacia su desembocadura, objetivo del viaje. El río comienza a ralentizar su corriente debido a lo llano y poco desnivelado con respecto al nivel de mar de su cauce. El jefe, que avanza adelantado, observa el horizonte desde los altos, atento a cualquier atisbo de humaredas que delaten a otros grupos humanos, lo que le obligaría a comprobar la actitud de ese grupo, verificar posibles parentescos o determinar el estatus del mismo, con el fin de saber si deberían unirse a ellos o bien esquivarlos. Avanzan sin prisa, recogiendo semillas, bayas o raíces según avanzan. Atraviesan el Guadalete a la altura de La Barca de la Florida, para atajar un poco y por que afortunadamente un acumulo de árboles caídos formando un puente natural unido a una zona vadeable lo permiten. A la altura de Estella del Marqués bajan hacia otra vez hacia el cauce, que retoman en El Portal. Ahí se toman un momento de descanso y observación. Otean la llanura que se extiende ante ellos, el cauce, el estuario, las playas y más allá. Buscan indicios de presencia humana, aunque bien podrían haber sido ellos mismos detectados por otros y estar siendo también estudiados o siendo acechados, ya fuere por fieras o por otros humanos. La experiencia les ha enseñado a no desestimar ninguna posibilidad. La prudencia ayuda a llegar a viejo.

 

El grupo avanza por los últimos bosques antes de entrar en la zona llana y seca cercana a las marismas

Al llegar a la altura de donde miles de años después se instalará el Corte Inglés el grupo se desvía por la avenida Alvaro Domecq, y avanzan hasta la suave loma. Previendo, como cada año, que el guía y jefe elegirá la misma zona que los años anteriores para acampar, el encargado de llevar los carboncillos humeantes -preservados dentro de un cuerno que lleva con gran cuidado-, se separa para ir recogiendo palitos y pajas secas con las que comenzar la hoguera tan pronto como lleguen. Busca la resinosa rama de un pino, que arderá muy bien y busca algún nido de pájaro pequeño, cuyo fino y sedoso material sería optimo para iniciar el fuego. El grupo hace un alto en el promontorio desde el que se contempla la gran playa que se abre ante ellos. Observan las señales del aire y los sonidos para asegurarse de la ausencia de predadores; hienas, leones y otros felinos, etc. Los gritos, aullidos y cantos son tranquilizadores, no dan muestras de alarma salvo por ellos mismos, que ya comienzan han sido detectados hace tiempo.

El jefe del clan se sitúa justo al inicio de la bajada de la bajada a Puerto y Alcubilla. Desde este punto se controla casi toda la ladera tanto a derecha como a izquierda. La vegetación es dispersa, hierbas altas que pueden cubrir a un hombre y grupos de árboles formando bosquecillos. Aves marinas de todo tipo y plumaje sobrevuelan por encima. El griterío, ante su llegada, es espectacular. El aire ascendente trae un olor a salitre y el acre olor a guano de la zona, repleta de gaviotas, frailecillos, cormoranes, araos y alcas que cubren el roquedal que culmina el cerro. Apenas si dejan ver el blanquecino deposito de excrementos que año tras año depositan allí. Podrán comer muchos huevos y crías, aunque habrá que tener cuidado con los padres, que venderán caro sus ataques.

El grupo baja siguiendo a su guía, quien decide acampar a la altura de la Ermita de Guía, a la adecuada distancia del promontorio que acababan de bajas, cerca del agua y cerca de la colonia de aves. lo suficientemente cercano para recurrir a sus huevos y pollos  y a cierta distancia de la manada de focas y leones marinos que se han ido alejando de ellos hacia zonas mas tranquilas de la playa. Algunos pingüinos, impertérritos, como año tras años, suben cuesta arriba a dar de comer a sus pollos protegidos en sus apestosas cuevas escavadas en el suelo. Preparan las cabañas, las camas, algunas defensas para las alimañas e inician un fuego que indique que ya están ahí y que toman posesión del territorio, a modo de contrato de propiedad.

 

El jefe toma un sendero marcado en la ladera y que serpentea, esquivando rocas u promontorios, pendiente abajo. Estos senderos han sido formados por las pisadas constantes de animales -y tabien de hombres-, y sus trayectos son obra de la practicidad y la comodidad, y constituyen por ello los mejores punto de paso en ese ambiente. Esto apenas cambiara con el tiempo y muchos de ellos serán en el futuro las líneas de diseño que formaran caminos, calles y finalmente avenidas, manzanas y barriadas. En este sentido las calles mas antiguas de hoy, aun existente, como la Avenida Alvaro Domecq, Tornería, la Calzada del Arroyo, Arcos, Corredera, etc, .., podrían ser fósiles milenarios de senderos prehistóricos.

Cabaña paleolítica a orillas del Tavizna

A una señal del jefe hombres y mujeres recogen sus bolsos hechos de piel y avanzan lentamente, vigilando y parándose a recolectar cualquier cosa útil o comestible a su paso; brotes tiernos de trébol, alfalfa, diente de león, bayas y frutas silvestres. Ayudándose con un palo puntiagudo escarban en el suelo en busca de raíces, gusanos y pequeños vertebrados. Lo van haciendo casi sin detenerse, como una pura rutina, sin pensar, como cuando voltean un tronco podrido o una piedra. Con un ojo hacen el trabajo y con el otro vigilan la maleza.

Cabañas estacionales a los alrededores de la zona alta de Jerez hace 300.000 años.

 Algunos se dispersan en grupos para hacer una toma de contacto de la zona y estudiar los recursos disponibles. Suponen que no habrá demasiados cambios con respecto a otros años; tal vez mas focas, menos aves, huellas de reciente presencia de algún felino y herbívoros, más marisco en las playas... Un grupo de ellos se interna en la playa, suben a las dunas mas altas, haciendo que los mamíferos marinos cercanos se dispersen o se refugien en el agua, aunque a prudente distancia de las orcas, y bajan a la playa a inspeccionar la arena con sus palos para buscar el deseado marisco. Ya es un poco tarde para empezar las faenas recolectoras y solo cogen lo justo para el consumo del día, dedicándose a asegurar el campamento y dejar todo preparado para el día siguiente. Mientras se disponen a dormir los vigías ocupan sus puestos, desde donde, a lo lejos, ya entrada la noche y al otro lado del estuario, muy separados el uno del otro, dos puntos brillantes de color amarillo: son fogatas de otros grupos humanos. Seguramente ellos también estén viendo el de nuestro grupo. Los exploradores indicaron que hacia Astas de Mesa había otro grupo y es mas que probable que en El Puerto, San Fernando y Chiclana hubieran algún otro grupo más. En total y entre todos los grupos de estas rías serán unos cien individuos.

El resto de la noche será solo negrura y el chirriante sonido de la aves y manadas de la playa. Mar adentro resoplan los surtidores de ballenas, delfines u orcas. Y algún pingüino, que impertérrito y estirado como un maitre de hotel de lujo, sube desde torpemente la playa con destino a su nido.

Al día siguiente, temprano, comienzan las labores de recolección en serio. se recogen huevos de las bandadas del cero cercano, a cambio de algún picotazo en la cabeza, se captura una cría de foca y se recolectan raíces, bayas y marisco de la playa. Desde luego es difícil pasar hambre en este lugar. Es lo mas cercano al paraíso que pueda desearse, salvo si se presenta algún otro grupo, con los que habría que negociar los mejores puestos y recursos, aunque con suerte también podrían colaborar.

Cabañas y humano en Zahara de los Atunes

Al día siguiente, las mujeres, una vez recogidos los primeros frutos del mar, preparan la comida. Asarán algunas lonchas de carne de foca al espeto o usando piedras calientes, aunque a veces, si no hay mucha prisa, se cocerá dentro de tierra, envuelto en hojas y carbones o piedras muy calientes, o encendiendo una fogata justo encima. Otros trozos de carne y ciertos mariscos se dejan secar en sitios expuestos al sol y al aire a modo de reserva de urgencia, aunque casi todo se consume inmediatamente y es poco lo que se guarda. La piel, tendones y las tripas se curtirán para diferentes usos, los huesos serán abiertos con los pesados triedros para extraer el tuétano, alimento muy apreciado. La grasa se recoge a parte para untársela por la piel y el pelo y el cráneo se conservará como recipiente. Los huesos serán usados para hacer utensilios, agujas, punzones, objetos de adorno e incluso los más largos, alguna flauta. La temporada acaba de empezar. Para cuando acabe irán hacia el interior del Guadalete o del Guadalquivir a pescar salmones y regresarán hacia la sierra, bordeando por los ríos y afluentes, e incluso, según el clima, como estén los recursos por aquí y las facilidades para pasar ríos tan anchos, podrían subir hacia el Duero o al estuario del Tajo, donde se reúnen a veces hasta dos o tres mil humanos, cuando coinciden las tribus y clanes de distintas zonas.  Tal vez ya nunca lo hagan. Solo si las circunstancias así lo exigieran. Aquí es posible sobrevivir con cierta holgura, y los niños están comenzando a ser numerosos.

Cuando decidieron volverse hacia el Guadalete pudieron percatarse de la presencia de un clan pescador de anguilas y truchas en el río, cerca de su desembocadura. Eran unos 12 individuos, entre hombres, mujeres y niños. Habían creado algunos canales y represas con piedras, mimbre trenzado y estacas por donde pasaban los peces, que acababan atorados en sus extremos y donde era más fácil asaetearlos o alancearlos o elevados con redes confeccionadas con pelo de caballo, fibra vegetal de nidos o esparto. Los peces capturados eran rápidamente abiertos en canal, vaciados y ensartados en espetos para secar al sol, al aire y ahumados por una fogata. Así podían conservarse mas tiempo,  cubierta la superficie de una fina capa de ceniza y estando la carne reseca se impedía una más rápida descomposición. Algunas vísceras eran consumidas en crudo allí mismo, sobre la marcha. Otros miembros de ese mismo clan cazaban con frágiles -pero eficientes-, embarcaciones de cuero en la zona baja del río o ya en su desembocadura ánsares de todo tipo. Seguramente recogerían huevos y miel, aparte de mariscos y mamíferos que vivían por esas zonas pantanosas. Esta gente estaban permanentemente cubiertos de una fina capa de arcilla y grasa para protegerse de las molestas nubes de mosquitos que proliferaban por esa aguas remansadas.

Al final de la temporada había que esta vigilante de la acción de algún grupo menos afortunado que buscaba acaparar alimentos de manera fácil, robándolos, y hacer así mas llevadero su marcha a otras zonas.

Los esteros y marismas eran habituales zonas de caza y búsqueda de alimentos

En el Mesolítico se constata la presencia de pobladores dedicados a la caza, pesca y recolección, con asentamientos fijos al aire libre; cabañas confeccionadas con huesos, ramas, barro y paja. El marisqueo produjo, a lo largo de siglos de explotación, concheros (acúmulos de restos de conchas) en el río Tajo. Esta costumbre, persistente hasta la época histórica, dará nombre a estos pueblos: los oestrymnios; los comedores de ostras, nombre dado por los griegos a estos pobladores descendientes de estos a los que nos estamos refiriendo. El marisqueo ha sido la base alimentaria de muchísimas generaciones y sin duda habrá contribuido a cierta selección natural sobre tales especies, como el sorprendente caso de un cangrejo japonés, cuya espalda semejaba vagamente a una cara humana, y que a base de ser rechazado y devuelto al mar acabó desarrollando una casi perfecta cara de samurai. 

En esta era, la caza  mayor se ha visto reducida bastante. Las trampas para mamuts y rinocerontes lanudos se han substituido por estrategias de acecho, persecución y ataque a ciervos, jabalíes, uros y manadas de caballos... Cambios climáticos, de vegetación y paisaje por un lado, y la propia acción humana irán modelando las estrategias de supervivencia. Las emigraciones no eran infrecuentes siguiendo a las manadas en su búsqueda de mejores hábitats. Solo aquellos que recurrían al marisqueo y a la caza de focas y aves en los estuarios o costas podían permanecer indefinidamente en esas áreas. Seguramente siendo defendido ese privilegio con ferocidad ante la llegada de otras tribus, o tal vez como resultado de la especialización.

Jerez era una zona fértil y rica en comida, y casi ningún grupo itinerante dejaría pasar la oportunidad de acercarse por nuestra zona a echar una mirada en busca de una ocasión de rapiña.

Cuando se acercaba el invierno, grandes manadas de equinos, gacelas, antílopes, bisontes y uros se desplazaban hacia el estuario a pastar su pasto de invierno, seguido de su séquito de depredadores: leones de diente de sable y otros felinos, de los que había que cuidarse. Los grandes rebaños de mamíferos se acercaban muchas veces llegan hasta Jerez y su caza era relativamente fácil, cuando de animales viejos o enfermos se tratase.

Hará 10.000 anos, con el fin de la última gran glaciación, el clima se volverá más dulce y cálido. La fauna ya comienza a ser la que conocemos actualmente. Cambios climáticos cambiarán la vegetación, y con ello se alejaran las grandes manadas y sus depredadores naturales -los grandes felinos, lobo e hienas-. La acción del hombre, quemando pastos y bosques para manejar esas manadas y cazar, solo dejará ciervos, uros, algunos bisontes dispersos, caballos, jabalíes, aves, conejos y liebres y otros pequeños animales para cazar. El marisqueo seguirá siendo una segura fuente de alimentos en las rías. la recolección de grano salvaje se irá incrementando, lo que poco a poco ira derivando a nuevas técnicas y estrategias.

Este período se funde y mezcla con el neolítico, que aparece junto con una de los mas trascendentales descubrimientos del hombre: la agricultura. La revolución agrícola, que significará un antes y un después en nuestra evolución y consolidación como especie, al proporcionar la base alimentaria para ascender tecnológica y socialmente, aunque también le traerá nuevos problemas higiénicos y sociales que resolver.

 

 

 

 

   

 

El Neolítico

La  Era de la fabricación de herramientas de piedra pulida

La revolución agrícola

 

De este período tampoco hay muchos restos, lamentablemente. La manera de trabajar las piedras -de lo poco que no ha desaparecido por el paso del tiempo-, es lo que diferencia a esta época de las anteriores: ahora las piedra son redondeadas, no dentadas, y el trabajo son de mayor finura y detalle. Se nota un mayor interés por el resultado estético del instrumento, no solamente por su mera utilidad. Esto nos indica los cambios paulatinos en la sensibilidad de su cerebro y los cambios en su percepción de la realidad. También muestra que tenía más tiempo libre para dedicarse al detalle, lo que por otro lado indica que los recursos eran más abundantes o que las técnicas para obtenerlos más eficientes. 

El descubrimiento y desarrollo de la cerámica y de los metales debió ser por la observación: en las hogueras podían encontrar grumos de arcilla endurecida, el barro y arcilla de los charcos se resquebrajaba y dejaba las huellas de las pisadas endurecidas. La mente inquisitiva de estos hombres les llevó a la conclusión de que si esa arcilla se endurecía tanto era por el paso por el calor del fuego o por su sequedad. Alguno debió pensar que si le daba forma de baso a un poco de arcilla y la dejaba al fuego podría usarla para beber. El siguiente paso fue saber que arcilla endurecía mejor y permitía hacer los cacharros menos pesados, y que cantidad de fuego y tiempo debía manejar a la hora de cocer las piezas.

Restos de piedras no usuales, de aspecto distinto a lo que era una piedra común, encontrados junto a los grandes fuegos debió también llamar su atención. Pronto supieron saber que piedras producían aquellos restos modelables y, como en el caso de la arcilla, la experimentación y la observación, se irían dando cuenta donde encontrarlas, cuales elegir y como obtener las formas deseadas. eran los rudimentos de una nueva tecnología: la minería y la fundición de metales.

De la misma manera que se observa hoy en día con restos primitivos o poblaciones indígenas a modo de fósiles humanos vivientes, estos grupos humanos, de aspecto físico absolutamente contemporáneo y numéricamente muy reducidos -tal vez de entre 5 a 20 personas-, se movían, de manera itinerante, al ritmo de las estaciones y de las necesidades de materiales, refugio o alimento.

La caza y la recolección era su estilo de vida, aunque a veces desarrollaban pequeñas industrias productivas estables como el marisqueo o la pesca, que periódica o permanentemente explotaban. Posiblemente en esas eras la totalidad de la población humana en la zona del Jerez actual y sus alrededores, de manera temporal o itinerante, no superase el medio centenar de individuos a un mismo tiempo. Podemos englobarles en el grupo cultural Azilliense.

Cabañas neolíticas constituyendo una granja estable cercana a la sierra

Estos contactos en el Duero y en el Tajo en todo su cauce, produce el intercambio con grupos humanos de origen nórdicos que bajan a la Meseta por los ríos que desembocan en la vertiente fluvial del Oeste ibérico, como el Duero y Tajo: así, objetos, ropas y técnicas hechas a mil kilómetros en el Mediterráneo acaban en Jerez o en el Cantábrico. Y a veces también grupos humanos enteros deciden pasar al otro lado del mundo ibérico, a explotar recursos desconocidos para ellos, siguiendo el cursos de esos ríos o por los pasos litorales o interiores, aunque esto era muy puntual y escaso. 

Podemos imaginarnos a estos pequeños grupos humanos del Homo Sapiens Sapiens, de piel oscura y endurecida por la exposición al aire y al sol, como la de los campesinos y marineros actuales, pintados con colores rituales: puntos, círculos, rayas, espirales, y tatuados con motivos medicináis y mágicas y apenas cubiertos por algunas pieles curtidas con los dientes y con primitivas telas, caminando por Balderramas y por el la Alameda Vieja, y bajando a  adentrárse en las aguas y escarbando –y seguramente también buceando-, en busca de ostras, mejillones, vieiras, pulpos, almejas, navajas, cangrejos y otros animales que supondrían parte muy importante de su dieta diaria, ademáis de procurarles utensilios tales como cucharas, tazones, vasos. Algunas de esas capturas serían ahumadas o secadas o sol para o su consumo posterior.   

Los refugios temporales solían construirlos en zonas soleadas y protegidas del viento del norte por árboles o por rocas. La erosión de los siglos subsiguientes suavizó y aposentó esos terrenos que entonces eran inestables y más empinados que hoy en día. Algunas de estas zonas, en sus zonas más bajas, ya de por sí marismas muchas veces, eran ocasional pasto de las tormentas y de los temporales del mar, anegándose con las mareas vivas. Por el aporte de los regatos, éstas zonas bajas, embalsadas y sistemas dunares, constituían zonas amarismadas y semipantanosas, fijado su blando suelo solo por hierbas, bosque bajo y matorral. 

Estos hombres cazaban con sus arcos y ondas pequeños mamíferos y aves: garzas y garcetas, patos y otras aves semejantes. Iban a cazarlos al curso del río Guadalete y al estuario del Guadalquivir, desde Chiclana hasta Trebujena, pasando por El Puerto, Valdelagrana, El Portal, etc, en recorridos cíclicos constantes. Formaban pequeños grupos, unos a pié y otros sobre barcas circulares de estructura de madera y piel untada con brea y grasa para impermeabilizarlas o tal vez en canoas hechas quemando su interior con brasas y tallando hasta dejar vacío su interior o con sencillas balsas confeccionadas con troncos atados unos os otros y con bolsas de pieles o vísceras de animales, secas e hinchadas.  

 

 

 

El sistema de caza pudiera ser como la que a continuación se describe: los arqueros se situaban remando muy despacio y tumbados en las canoas o botes a los sitios estratégicos donde sabían que habrían de pasar las aves hasta acercarse suficientemente a las presas. Los elementos menos hábiles de la tribu en la caza, niños, tullidos y viejos, comenzarían a dar voces y a moverse para espantar a las aves y forzarlas a elevar o vuelo, momento en el que los arqueros y honderos se levantaban y tiraban casi que al bulto a las bandadas que elevaban el vuelo, si eran numerosas, o afinando su excelente puntería si había pocas presas. Los de las barcas recogían las piezas que caían en el agua. También cazaban pequeños pájaros, perdices, urogallos, codornices e aves de ese porte. Recolectaban sus huevos en primavera y verano. Lagartos, de buen tamaño, culebras, roedores, conejos, liebres, ratas de agua y otros pequeños animales se añadirían a su dieta. Sin duda todo tipo de insectos y gusanos complementaban el menú. La miel era muy apreciada y no escasearía por aquellos paisajes.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una partida de caza en el Guadalete neolítico. Los arqueros de repartían en canoas o botes redondos hechos de madera y peles impermeabilizadas con brea, deslizándose suavemente para no asustar a la bandadas. De súbito, cazadores, niños, mujeres y ancianos gritaban y acosaban a las aves, las cuales resultaban asaeteadas o boleadas al levantar el vuelo. También las cazaban con redes, trampas y lazos o bien recolectaban sus huevos. Esta zona, y sobre todo el estuario del Guadalquivir debieron ser muy provechosas para los habitantes de estas áreas. Las flechas de punta de piedra eran pegadas a los palos con sabia de abedul o de otro a árbol adecuado para usar como pegamento, y que obtenían calentando las cortezas en pequeñas placas pétreas. Cuando querían capturas vivas usaban puntas romas de madera para atontarlos o herirlos sin matarlos. 

Nuestros ancestros dominaba también ciertas artes de pesca con las que obtenían anguilas y otros peces, creando embudos con cestas de mimbre y colocadas en sitios estrechos, en donde los peces solían avanzar, donde las mareas o el flujo da agua del río arrastrase los peces. Desde luego recogían los crustáceos y ranas de agua dulce y todo tipo de marisco y crustáceos de las playas y rocas de la orilla del mar. Luego, mucho más tarde, desarrollarían artes de pesca más complejas.

Faenas de pesca en la desembocadura del Guadalete. Una amplia e espesa foresta podría haber cubierto en algunas partes las orillas. Se pescaba con trampas, redes o hilo lampreas, truchas, esturiones, cangrejos de río, mejillones y otros peces y bivalvos diversos.  

La caza de jabalíes, puercos salvajes, venados, caballos y otros mamíferos grandes como osos, uros, bisonte, etc., mientras los hubieron, exigía una mejor planificación y el concurso de todos los miembros activos del grupo o grupos de la zona. En las etapas glaciares nuestras tierras pudieron ser testigo de la caza de mastodontes y rinocerontes lanudos, auque que estos hombres neolíticos procuraban no arriesgar su integridad en la caza de piezas tan peligrosas, procurando aprovecharse cuando estas morían de manera natural o cuando eran abatidas por otros depredadores. Entonces se aprovechaban de su carne -que secaban, ahumaban o consumían inmediatamente-, piel y pelo, cuernos, huesos -que solían aprovechar para hacer sus viviendas o instrumentos.

A veces, si la geografía lo permitía, dirigían manadas de équidos salvajes con antorchas, fogatas y haciendo ruido, y tras rodearlos y espantarlos, los dirigían a barrancos o despeñaderos. Luego, en la  base de esas alturas estarían esperando las mujeres, viejos y niños para rematar  a los animales heridos y descuartizarlos, desgarrando las carnes y guardándolas para ser conservadas, y recogiendo los huesos para posterior consumo del tuétano, apreciadísimo majar, y como materia prima, como ya se ha explicado..  

La captura de una pieza grande era un asunto peligroso, aunque también suponía una extraordinaria fuente de alimento que compensaba el miedo y los esfuerzos realizados. También tenía, este tipo de actividades cinegéticas mayores, un componente de reforzamiento del grupo y de estructuración de los clanes e supondría, para el  que ejercía de guía o  para el  que realizaba algún lance de valor y astucia, la promoción social dentro de o su grupo. Tal vez incluso dirimía el derecho a la jefatura de la tribu...

La caza mayor no se realizaba a campo abierto si se podía evitar. El sentido común y la prevención de innecesarios riesgos aconsejaba tratar de llevar a la victima a una zona arbolada, rocosa o pantanosa donde no pudiera maniobrar para ser allí atacado y abatido. También se procuraba llevar a la pieza, mediante fuego o griterío, al pánico y a una huida descontrolada para hacer que se despeñara por algún barranco o que se adentrara en una zona pantanosa donde seria fácilmente inmovilizada, atacada y abatida.

También se podía preparar una zona con trampas: agujeros o zanjas con troncos o estacas  puntiagudos en su fondo, donde se ensartase el animal al caer, o simplemente un agujero donde se fracturase una pata o el cuello, quedándose así inerme para ser fácilmente rematado, o bien se acondicionaba una zona donde se clavaban troncos puntiagudos para hacer que la victima, en su alocada huida, se destripara o ensartase al pasar en ella. El rematar la pieza podía ser un momento peligroso también, ya que exigía hacerlo a pedradas, golpes de mazo o hachas de piedra o a lanzazos de manera mas personal. Es muy posible que de vez en cuando se realizaran actos de temerario valor personal para ganar puntos en la promoción jerárquica y social del clan, o bien como paso de una etapa social a otra.

Algo que si está claro es que estas gentes cuidaban y protegían a los que desafortunadamente se fracturaban algún hueso en alguno de estos u otros lances de caza, o a los que simplemente enfermaban de malaria, disentería o por causa de comer alimentos en mal estado. Como en los grupos neolíticos aún supervivientes en la actualidad, su esperanza de vida no sería muy alta, consumidos y envejecidos prematuramente por una vida exigente, dura, llena de riesgos. Aún siendo conocedores de una extensa farmacopea natural y un profundo conocimiento de las hierbas y plantas medicinales y alucinógenas, no era -como aun ocurre en la actualidad-, suficiente para hacer frente ante las enfermedades mas sencillas y comunes de curar hoy en día y que es la grande diferencia con aquellos tempos. Una vida breve, pero intensa. Es necesario recordar que la naturaleza, por muy Madre nuestra que se la considere, solo tiene un objetivo: matarnos, y la medicina la inventó el hombre para retrasar lo mas posible ese irremediable desenlace.  

Hay que tener en cuenta que estas gentes del paleo y neolítico eran gentes muy fuertes y resistentes, lo que no evitaba que murieran su gran mayoría prematuramente, debido a enfermedades, accidentes, ataques de animales u otras tribus o por culpa de épocas de hambre y desnutrición, así como deficiencias, excesos o desequilibrios alimentarios. Duros y resistentes como animáis salvajes que eran. Los que sobrevivían a las enfermedades y a la dureza de una corta infancia paleo o neolítica quedaban bien preparados para afrontar, a partir de muy pocos edad, las responsabilidades de los adultos. Lo que no quita que también tuvieran tempo para o divertirse y disfrutar de las nuevas habilidades artísticas que iban apareciendo en ellos.  

Con el paso del tiempo y con mejoras y evoluciones técnicas adquiridas la vida de las gentes de nuestros alrededores podría ser semejante a como era la de los indios que se encontraron los europeos en Norteamérica: curtidos y fieros en la lucha, pero también muy humanos en su trato con sus familias y compañeros, aunque eso si: llenos de supersticiones, rituales, miedos y mitologías, y decorados mediante pinturas y tatuajes faciales y corporales, adornos de plumas y cuernos con significados medicinales, de protección o de estatus social.

En un principio los hombres que vivían por Jerez usaron cabañas, palafitos (casas construidas sobre plataformas sobre el agua) para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Eran refugios adaptados a sus necesidades con palos, huesos, vegetación y peles, pero de uso temporal, estacional, ya que si bien existían abundancia de mariscos, crustáceos y peces es posible que viajaran en determinadas épocas a obtener otros recursos fuera. También pudieron, pues, desarrollar distintos tipos de cabañas fáciles de montar y desmontar. Combinaron sedentarismo y la trashumancia o nomadismo estacional con zonas de verano y zonas de invierno o bien zonas de caza, pesca y de recolección. En esta era neolítica se dice que el hombre estuvo idealmente integrado en su ambiente. Esto es relativo, claro, ya que el hombre casi siempre necesita agredir su entorno, transformándolo. En esa época se extinguieron -o el hombre ayudó a una más rápida extinción, a los animales más grandes, como el mastodonte y el rinoceronte lanudo, o los uros, bisontes y los osos cavernarios. Si bien una parte de la culpa fueron ciertos cambios climáticos, otra causa no menos importante fué la caza humana y la transformación que causaba en el paisaje a base de fuegos y talas que efectuaba sobre los bosques para conseguir nuevas tierras de cultivo fértiles. El aspecto geográfico y el ecosistema de Jerez estaba intacto ya que estos escasos representantes del género homo de la zona no incidían en ella de manera notable. Mas bien lo contrario: era la naturaleza la que condicionaba su devenir. Solamente cuando descubre y desarrolla una agricultura de producción y almacenamiento más masiva es cuando comienza a alterar  su ambiente de manera dramática. Comienzan a hacerse claros en los valles, a base de talar e incendiar bosques y florestas cerca de los ríos y en medio de las fragas.  

En estos tiempos es raro que tuvieran muchos problemas territoriales, luchas o guerras por los recursos, dado que si uno se sabia organizar había alimentos para todos, y hasta es posible que se unieran distintos clanes para afrontar las cacerías de mayor envergadura, o para la construcción de sepulcros comunales o de los más notables entre ellos, llamados dólmenes. Pero también es muy posible que ya comenzaran a tener problemas de estilo de vida entre los que se habían asentado, y vivían pescando, mariscando, haciendo plantaciones o poseían una ganadería que era preciso estabular -y por lo tanto, hacerse sedentarios-, con los que seguían siendo nómadas, ya que podrían entrar en conflicto de intereses con los que comenzaban a tener excedentes de producción ganadería, pesquera o agrícola o por el uso de determinadas áreas de caza modificadas ahora por los que desarrollaban nuevas técnicas explotadoras. Ocasionalmente y tras una mala temporada de caza, los cazadores, mas aguerridos y salvajes que los ahora sedentarios, ejercían la rapiña, y el robo sobre los mas favorecidos. Pero esto solamente sucedería cuando los dos estilos de vida fueron asentándose y concretándose. Mientras, subsistieron ambos estilos de vida entremezclados y desenrollados por las mismas personas y de manera cíclico y estacional.

Homo Sapiens Sapiens inspeccionando las playas cercanas a Jerez en el estuario del Guadalquivir. Noten las pinturas y ungüentos  protectores por su cuerpo.

Estas gentes ya tenía convicciones mágico-religiosas animistas que había desarrollado a través de observar el fenómeno de la muerte y por su propia sensibilidad y emoción humana.  El Sol cegador y cálido que salía y moría cada día, un sol al cual debían el calor y los cambios estacionales, y una Luna pálida y fría que surgía cuando el Sol se ponía. El ciclo de luz y noche, de calor y frío, las estaciones... todo ello era una metáfora de la vida misma, el  ciclo de la vida. El sentimiento de precariedad ante los elementos de la naturaleza y sus atavismos jerárquicos de especie les llevó irremediablemente a elaborar propuestas coherentes que dieran respuestas a sus miedos y angustias vitales. También exigía explicación los fenómenos que veían en la naturaleza. La mera especulación y la imposibilidad de disponer de datos reales la suplían con imaginación, metáforas y analogías. Cada fenómeno, cada objeto tenía pues un doble metafísico que explicaba los acontecimientos. La vida se regía por desconocidos resortes invisibles y mágicos y los tabúes gobernarían la vida de estas gentes. Cuando uno se apercibía que llevando cierto objeto o realizando ciertos movimientos o actos sobreviviera o tuviera mejor suerte en un lance de caza o en un hecho peligroso enseguida lo relacionaban y lo consideraba esencial. Había que procurar repetirlo siempre para permanecerse protegido por él. Si a esto se le juntaba la experiencia de los locos, de los dos que sufrían ataques epilépticos o brotes psicóticos y los poseedores de toda suerte de desajustes mentales que se confundían con sobrenaturales del mundo espiritual más las tradiciones de los ancestros, pues ahí tienes ya un buen montón de material para crearte un rito y una base religiosa potente.

El uso de alucinógenos e estupefacientes por parte de los miembros de los clanes con los cuales alcanzar estados de conciencia alterados, creaba las emociones y experiencias mentales propicias para encontrar respuestas a los dilemas que hace ser a los hombres lo que somos: ¿quién soy?, ¿en dónde estaba antes de nacer? ¿a dónde iré cuando muera?.

Con respecto a sus muertos ya los neandertales habían comenzado a manifestar sus inquietudes y empatía por sus miembros del clan. Si bien también practicaron el canibalismo -a veces ritual, a veces gastronómico-,  también es verdad que con los miembros de su clan hicieron actos conscientes de duelo tras sus muertes, tomándose muchas molestias ala hora de enterrarlos, y hacerlo con cuidado y disposiciones concretas. dejándoles objetos u ofrendas, lo que demuestra sus sentimientos de respeto hacia el muerto. El canibalismo, como hasta hace bien poco tenemos documentado en algunas tribus casi o plenamente neolíticas supervivientes, podía ser una necesidad nutricional en un momento de escasez o un aprovechamiento oportunista, pero también podría ser un acto ritualizado: comer a un enemigo o a un hombre de la tribu muerto era poseer sus habilidades, su coraje. Los trozos y partes consideradas importantes (cerebro, corazón, hígado...) eran distribuidas y consumidas según el escalafón de autoridad y mando.   

 

 

 

 

 

La Revolución Agrícola del Neolítico

Hace unos 5.000 años llegó desde oriente el invento humano más determinante para su consolidación como especie y para su desarrollo poblacional por el mundo adelante: la agricultura. Es el invento que más cambios sociales nos ha provocado. Se puede decir que existe una humanidad antes y después de la agricultura. La agricultura nos fijó al suelo, creo el ahorro, las clases sociales, las ciudades, la masificación y permitió desarrollar toda la civilización que tenemos ahora. Nos hizo pasar de cazadores erráticos a ciudadanos. También significo el imparable uso de la naturaleza y su degradación ante la presión humana. Con la agricultura la naturaleza comienza a batirse en retirada ante un humano que necesitaba tierras de labor imperiosamente para alimentar a una cada vez mas abundante población. Aunque ya el hombre, siendo cazador errante y nómada, afectaba dramáticamente los parajes que descubría y pretendía usar mediante la quema de las praderas y bosques, tratando de crear un espacio apto para su estilo de caza, como fué el caso de Australia, cuya ecosistema cambió dramáticamente tras llegar el hombre, la agricultura ya significo el punto de no retorno.  Algunos tipos de animales, como los mamúts, rinocerontes lanudos, los osos cavernarios, uros, búfalos, y como no, sus felinos adheridos, lobos y demás predadores y competidores del hombre, fueron desapareciendo o extinguiéndose por estos cambios, demasiado veloces para que la evolución les diera una contestación. El versátil humano, con mucha menos herencia genética que seguir y con una cultura transmisible a las nuevas generaciones les ganó la partida en todos los frentes.

Granjas neolíticas ubicadas en la calzada del Arrollo.

La agricultura hizo desaparecer bosques, eliminó praderas, secó lagunas, desvió ríos, aceleró la erosión y cegó estuarios y desembocaduras, cambio el clima. El arado resulto ser un eficiente acelerador de la erosión y, si bien al principio proporcionaba mucho alimento, acababa empobreciendo los suelos, lo que exigía empezar de nuevo en otro lado. otro nuevo bosque talado, otra pradera que debía ser quemada.  Europa, que un día fue un bosque compacto de este a oeste, se convirtió pronto en un tablero de ajedrez compuesto de zonas cultivadas y selvas cada vez mas aisladas unas de otras. Las especies supervivientes: lobos, bisontes, caballos, ciervos, aves no han dejado de ver su espacio cada vez mas reducido. El hombre se ha regido hasta hace bien poco por la idea de la inagotabilidad de los recursos y de que todo lo que existe esta ahí para ser usado. Ahora nos hemos dado cuenta que pese a todo formamos parte de esa misma naturaleza y de que debemos saber usarla sin que sea sacrificada. Nos jugamos nuestra propia supervivencia, al fin y al cabo. Si bien ella nos quiere matar, también es verdad que no podemos sobrevivir sin ella..

La agricultura neolítica era esencialmente cerealista, segándose primero con piedras afiladas, con palos armados con aquellas piedras afiladas a modo de hoz y luego con instrumentos de cobre e ferro que recreaban las hoces antiguas. Luego, con la domesticación de los vacunos, se introdujo el arado, lo que aumento notablemente las posibilidades de producción de cosechas. Había que almacenarlas, y para este fin aparecieron los grandes recientes de cerámica que substituían a los hechos con fibra vegetal. la ganadería, que surgiría de recoger crías supervivientes de las cacerías de los herbívoros y de que los mas mansos y confiados se acercasen a pastar a los cultivos de los humanos abrió la posibilidad de almacenar carne viva y leche fresca para las épocas menos provechosas. La leche significó una pequeña revolución también, ya que su uso significo un estupendo aporte de grasas, minerales y vitaminas. 

Granja neolítica ubicada por Jerez

La agricultura cambiará la cultura y los modos de vivir de una manera brutal. De ser nómada, itinerante, se pasa a ser sedentario. La organización social, el orden jerárquico, los roles de los hombres y mujeres, de las clases sociales, todo iba a cambiar. Incluso los dioses y la religión tendría que adaptarse a los nuevos cambios traídos por la agricultura. Y también aparecerían nuevos conflictos con otros estilos de vida antagonistas, los tradicionales.

El nuevo sistema de producción de alimentos, los nuevos trabajos y especializaciones hace pasar a la mujer a un papel mas subordinado en algunos aspectos, y darle más protagonismo en otros, sin embargo. El matriarcado se diluye, parece ser, pasándose a una ideología mas machista. Aunque esto es muy discutible y esta en debate todavía. Como tantas cosas en realidad. Algunos sostienen que la cultura cazadora era matriarcal y que muchas de sus signos totémicos o religiosos están relacionados con la maternidad y la mujer y su gran secreto: la fertilidad.  Pero no es menos cierto que los signos masculinos, de fuerza, de poder, son masculinos. Si bien las culturas cazadoras son machistas, la mujer puede tener un peso grande al ser la cuidadora de los hijos y la que se encarga de lo domestico. El hombre, portador de las armas y proveedor de la caza y el alimento fuerte: la carne, tiene un estatus elevado, pero respetuoso ante la matriarca, la paridora, la que le ha mimado en su infancia. Cada cual se ocupa de su parcela, aunque el hombre tendrá un peso en los temas generales, ya sea por su propia naturaleza, ya sea por que ahí le ponen las circunstancias. A la postre, este tipo de realidades vendrán dadas mas que nada por la forma de la obtención de los recursos: los ganaderos se organizan de una manera, los agricultores de otra, los cazadores tienen sus roles y los mariscadores y pescadores las suyas. La base es que el hombre domina a la mujer según su mayor corpulencia, agresividad y fuerza física, y a la actitud mas expectante de la mujer, rasgos fruto de millones de años de evolución, pero según la importancia de cada cual a la hora de conseguir el sustento se ganan mas o menos parcela de poder y se redefinen los roles. Lo que sirvió en eras de cazadores y carroñeros erráticos no es útil en épocas de recolectas, agricultura, almacenamiento y sobreproducción. Y esto afecta a todas las áreas de la vida.  

Playa en el estuario, cerca de Mesas de Asta, aún cubierto de bosques, pero ya sentenciado por las necesidades humanas

La sedentarización de los humanos es paulatina según aumenta su dominio de la agricultura. Cuando se hace cerealista sus aldeas aumentan de tamaño y de complejidad, creándose las estructuras urbanas: calles, casas, palacios, barrios, zonas defensivas, zonas de trabajo y zonas de habitación y almacenaje. Primero con palafitos, cabañas, construcciones precarias, luego con piedra, con barro y madera,, cada vez mas complejo y elaborado. Nuevos oficios para surtir de los nuevos servicios que rápidamente se van creando. Los jefes y herreros, los que poseen la magia de dar forma a los metales son la clase alta y poderosa. Los sacerdotes y curanderos les siguen, y pronto los escribas detrás, que han de organizar el almacenamiento de tantos nuevos recursos. Un ejercito estable y siempre entrenado y pertrechado habrá de proteger esta prosperidad, deseada y envidiada por los aun errantes cazadores y por vecinos ambiciosos. La mujer cobra importancia a la hora de confeccionar adornos de plata, oro y piedras preciosas, así como también la alfarería utilitaria. Los herreros se dedican mas a crear herramientas y armas y a trabajar los metales pesados y duros, su gran secreto.  La mujer, aunque en las épocas de caza también recolectaba, ahora, con la agricultura y la ganadería, ocupara mas tiempo a la producción de alimento y su elaboración, lo que realza su estatus, matizado todo ello por la tradición machista, claro. Todos los nuevos oficios y usos aún a escala rudimentaria, pero ya perciben claramente las bases de lo que será  la edad el cobre y de hierro que solo se diferencian con el final del neolítico en la calidad y complejidad de los productos, al alcanzar el dominio de las técnicas ahora descubiertas.

Esta nueva manera de producir y almacenar se deriva de nuestra capacidad para prevenir. Esta habilidad se desarrollará mas en aquellas zonas donde las estaciones son claras y definidas, con veranos caluroso y secos e inviernos helados. Las zonas geográficas  y sus climas generan que tipo de cultura y civilización habrá. Cuanto peor son las condiciones y mas dramáticos sus diferencias mas se exigirá del humano el  prever y resistir.  La agricultura depende totalmente de calcular el clima, de almacenar y de prever escasez. Su ahorro y acumulo, su prosperidad y estructuras serán un señuelo para los oportunistas y ladrones. La gente armada y preparada para el combate defensivo de estos recursos serán el germen de los ejércitos del futuro. Y también reforzará el sentimiento de propiedad: aquellos que tanto han trabajado para tener asegurado su futuro no desearán entregar el fruto de su trabajo a nadie. Y habitualmente y casi de forma mecánica, pueblos en movimiento se dejaran caer sobre esta islas de abundancia, unas veces arrasándolas y otras integrarse en ellas como dominadores. Ello hará que los agricultores y ganaderos deban a veces emigrar a buscar nuevos territorios, expandiendo y dando a conocer sus técnicas a nuevos grupos humanos y en zonas mas y mas alejadas.

¿Alejadas... de donde?. Los primeros signos del neolítico se encuentran alrededor del Mar Negro, entre Ucrania y Turquía. De ahí se expande por todos lados. Existe un trabajo acerca de la posibilidad, bastante bien documentada al parecer, de que los agricultores de este mar, cuando aun era un gran lago de agua dulce feraz para la agricultura, fue cataclísmicamente, en el lapso de unos tres años, cubierto por las aguas del Mediterráneo, que finalmente habrían conseguido hacerse paso por el estrecho del Helesponto, tal vez a consecuencia de un terremoto que habría abierto primero una entrada somera de agua, para finalmente convertirse en catarata y en maremoto. Así, lo que había sido un lago interior acabo siendo un mar salado y toda aquella gente que había desarrollado técnicas d cultivo tuvo que emigrar hacia el Europa y hacia Asia, teniendo que cambiar técnicas y aprender nuevas para adaptarse a los nuevos vegetales que se encontraba. Esto aceleró el neolítico, y seguramente creo uno de los mitos humanos mas conspicuo: el del diluvio o gran inundación, presente en casi todas las culturas de alrededor y en muchas mas lejanas aun, que podrían haber heredado ese mito de pueblos en contacto con aquellos que lo sufrieron.

Los conflictos entre distintos estilos de vida debió ser frecuente. Los ganaderos odian a los agricultores, y viceversa. Lo que para uno es tierra libre para pasar y apacentar a sus animales para el otro es tierra de cultivo que no deben ser pisada por pezuñas que dejen el terreno en mal estado y erosionable. Aunque es mas probable que muchas veces los mismos que eran agricultores fueran también ganaderos, y pudieran preparar y delimitar sus tierras para ambas funciones, tan complementarias también: los deshechos de los animales son un excelente abono y este detalle debió ser pronto observado por los agricultores. Como el que también resulta un excelente material constructivo una vez mezclado con la paja y el barro.

La hoz, una herramienta básica de los agricultores. Consiste en un palo hendido donde se incrustan piedras afiladas, creando un borde aserrado y muy cortante.

    

Muela de piedra para moler grano. De muy pesado uso, la harina producida contenía fina arena, que producía dos efectos: micro erosión dental que eliminaba el caries producido por esta ahora más dulce dieta cerealista, y precisamente un desgaste dentario que aceleraba la perdida de las piezas por desgaste.

 

 

 

 

 

Jerezanos a finales del Neolítico

  Un grupo humano compuesto por unos 15 hombres, mujeres y niños de corta edad del tipo Homo Sapiens Sapiens, o sea: gente como nosotros, tiene sus cabañas comunales e individuales a la altura de Hispanidad, aprovechando un espacio amplio y protegido por algunas peñas que forman oquedades y desde dónde se puede observar la vertiente suroeste de la ría. Todos llevan el pelo largo, recogido con trenzas o moños, y de su cuello cuelgan abalorios y bolsitas con remedios y conjuros protectores. Tienen la piel tiznada de colores y algunos tatuajes que muestran su origen familiar, estatus y posición social. Sus ropas están hechas con pieles y lienzos de tela bastante fina -según la clase social-,  los mas usan tejidos más bastos elaborados con hilo de lana e fibras vegetales, como el lino, esparto o semejantes.

Los hombres vienen de hacer algunas correrías de caza por el estuario. Depositan las piezas para ser cortadas y despellejadas por las mujeres, ancianos y niños, luego serán clasificados los trozos para ser ahumados, salados o secados para su conservación. Nada se desaprovecha de las piezas cazadas, todo es útil y en las manos habilidosas de estos artesanos se convierte el hueso o la piel en agujas y sacos primorosamente elaborados, con detalles estéticos -simbólicos principalmente, aunque también realistas-, como figuras de los animales cazados o emblemas religiosos o mágicos. 

Granja neolítica en el área de Jerez. La agricultura va a cambiar muchísimo el estilo de vida y la organización social de los pueblos, y de las luchas por las zonas de caza se pasaría a las guerras por los espacios fértiles y cultivables, cada vez mas escasos.

Es muy probable que parientes de estos, más móviles y dedicados a la caza y al marisqueo, fueran los mismos quienes, estacionalmente, habían estado también por la desembocadura del Duero y del Tajo. El levantar un tótem tribal  viene a ser una de las pocas ocasiones en las que los distintos grupos se unieran en paz olvidando viejos litigios de propiedades, lindes y zonas de pesca y caza. Si no lo hicieran así ninguno habría podido levantar su propio dólmen grupal. el dólmen, bajo la cual están enterrados los jefes de la tribu y otros miembros destacados, marca también la posesión de ese territorio, como un amenazante mensaje que decía: “esta tierra tiene dueño, y sus poderosos espíritus nos protegen”, a los viajeros y pueblos que vagabundeaban en procura de rapiñas o tierras fértiles donde establecerse.  

Mariscando y pescando entre los canales de Mesas de Asta.

Otro grupo jerezano, compuesto por unos cincuenta miembros, llevaba instalado generación tras generación en la cumbre y ladera que es la base del Alcázar, a la altura de la Catedral, y sobre el pequeño arroyo que da nombre a la calle que discurre mas abajo y iba a morir a la playa bajando por la Calzada del Arroyo hasta Bértola y mas allá. Ya hace algunas generaciones que se habían dedicado exclusivamente al marisqueo y la pesca fluvial y costera, acumulando suficientes alimentos ahumados, salados y secos, además de grano para moler y hacer pan para pasar un invierno mas o menos desahogado. Con semejante abundancia casi no precisaban explotar otros recursos estacionales. La abundancia relativa permite el intercambio con los que vienen de lejos con productos exóticos y extraños, cambiándose pieles, objetos de adorno, útiles para cocinar o conservar alimentos, especias y plantas medicinales que no se encontraban en nuestra área. La permanente provisión de alimento que el estuario garantiza hace que esta zona se desarrolle muy por encima de lo habitual, favoreciendo la investigación y descubrimiento de mas sofisticadas técnicas y conocimientos. Su estatus social y sofisticación, con respecto a otras tribus del interior es alto y disponen de algunos hombres a quienes se mantiene exclusivamente para garantizar la defensa y el orden en la zona. Los viejos hablaban de la llegada, ocasional, de extrañas gentes venidas en grandes barcazas de madera y piel untada de una grasa negra y de olor muy penetrante y provistas de enormes velas y remos. Son gente diferente, con la piel pálida, el pelo claro y ropas distintas, y con un habla ininteligible para ellos. Pero traían adornos y objetos que los abuelos cambiaban por provisiones, agua y pieles. Recorrían la costa navegando cerca de la orilla. Aunque era indudable que corrían un gran riesgo también es cierto que parecían saber lo que se hacían. Aparentemente su tierra de origen estaba a tres o cuatro días de navegación mar adentro, hacia el sur y al este. Algunos se establecieron en grupos dispersos por zonas cercanas, o integrándose en los grupos ya establecidos. Gracias a ellos pudieron acceder a las técnicas de navegación básicas e incluso al dominio de naves de vela sencillas. 

 

A veces, aunque muy de vez en cuando, dado la complejidad de la aventura, algún grupo  decidía hacer un largo viaje hacia las llanuras del este y sur. Era sabido que siguiendo el Duero hacia el este se acababa en tierras muy diferentes, con gente fornida, de tez y ojos claros, valientes y algo menos sofisticados que ellos. Sus aspectos, ropas y adornos eran también de distinta factura, más bastos y apagados, de diseños geométricos repetitivos. No hablaban la misma lengua, por lo que tenían que comunicarse con signos y ademanes. Intercambian objetos y muchas veces aprendían unos de otros algún truco nuevo para cazar, pescar o hacer alfarería o manejar los metales. Luego, cuando algún grupo de parientes subía hasta el norte y la costa Cantábrica, se traían consigo, cuando años después volvía alguno, algunas de las novedades que aprendían en el norte y en el interior. 

Entre esas técnicas una de ellas fué el fundir y manejar metales mas duros, mezclando distintos componentes, con las que, aunque no resultasen tan bonitas, se podían hacer anzuelos, ganchos, alfileres, broches, flechas, puntas y cosas así, y que resultaban muy útiles, resistentes y duraderas. Con el tiempo, esto sería la base para fabricar también aperos de labranza y armas.  El dominio de los metales significaría otra nueva revolución, ya que le permitiría fabricarse herramientas que le darían nuevas posibilidades en la agricultura y en su capacidad guerrera.

 

 

 
 
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